Los marinos de Puerto de la Cruz cargarán a la Alcaldesa Honoraria y
Perpetua de Los Realejos en una procesión comenzará a las 19:00 horas
El
entorno de San Agustín se volverá a vestir de gala y devoción este domingo, día
24 de julio, para festejar la Octava del Carmen, jornada en la que los
realejeros ceden la imagen de su Alcaldesa Honoraria y Perpetua, la Virgen del
Carmen, para que los marinos llegados desde la localidad vecina de Puerto de la
Cruz la porten sobre sus hombros en una multitudinaria procesión que dará
comienzo a partir de las 19:00 horas.
Atraídos
por la belleza de la hermosa talla de la escuela genovesa de Antón María
Maragliano datada en el primer tercio del siglo XVIII que se custodia en el
santuario realejero, los portuenses se rinden a sus pies entonando en su honor
la Salve Marinera, faro, exponente y patrona de sus labores. Las muestras de fe
de los hombres de la mar de la ciudad turística se unen a los cantos de
alabanza de quienes son testigos de esta arraigada devoción. Ello se suma al
gesto de ofrecimiento de los hijos a la considerada oficiosamente patrona del
Valle de La Orotava para que les brinde su protección y bendición.
Son
los realejeros dueños patrimoniales y emocionales de esta imagen a la que
ofrecen desde 1985 y para la posteridad su bastón de mando, pero a la vez
conscientes de que por un día al año y como reza la tradición han de prestarla
a los portuenses, que a su vez amagan con llevarse a esta marina de tierra
adentro a su regazo barquero.
Curiosidades de la tradición (extraídas del
estudio de José Javier Hdez. Gª)
“Con cierto cuidado
serán nombrados los cuatro hombres que ocupan las esquinas; son los denominados
«hombres de punta», los que, siguiendo el redoble del tambor de la banda, van a
marcar el ritmo del paso, que produce ese balanceo lateral característico.
Salvo estas leves consideraciones, no es preciso que ninguna persona dirija los
movimientos. (...) Hay quien se sitúa frente a las andas y, a la vista de los
cargadores delanteros, podrá con la voz o el gesto corregir cualquier
imprecisión”.
“No se dan situaciones
de mayor dificultad durante el recorrido. Únicamente requiere alguna atención
la subida de la imagen por la empinada cuesta de la calle de la Virgen. Piensan
los cargadores que, en el momento de iniciarse el desfile, la Virgen del Carmen
es más ligera y «se deja llevar». En cambio, a medida que se avanza, el peso se
multiplica progresivamente, ya sea por el cansancio o por el incremento en el
número de devotos que, apiñados junto a ambos laterales de las andas, parecen
colgar del trono”.
“Es evidente que en la
Octava, los marinos portuenses quieren, de alguna manera, sentir y hacer sentir
a los demás que la imagen del Carmen, al menos ese día, es más suya. De ahí que
muestren su disconformidad, nunca lo impedirán, a que otros la carguen. No
obstante, también hay que hacerlo constar, cualquier persona que no sea natural
del Puerto de la Cruz podrá hacerlo, al entenderse que trata de satisfacer una
promesa contraída con la Virgen”.
“El
realejero ha aceptado siempre, con mayor o menor grado de aprobación, estas
muestras de fervor que son el ofrecimiento de los hijos del Puerto a su Madre.
Al fin y al cabo, tras los fuegos, ella habrá de volver, inequívocamente, a su
casa en el santuario de San Agustín”.
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