Una nueva cita que se
repite año a año desde 1750 une a estos dos pueblos en torno a una devoción
mariana compartida

Esta
cita, sin parangón en el ámbito archipielágico, por antigüedad y por unión de
dos pueblos, se ha convertido en una de las jornadas religioso populares más
multitudinarias de cuantas se celebran en la isla de Tenerife, y así volvieron
este domingo a ser un hervidero las calles del núcleo realejero de San Agustín,
donde se erige el Santuario de Nuestra Señora del Carmen y se venera durante
todo el año a la Alcaldesa Honoraria y Perpetua de la Villa de Los Realejos, a
la también considerada patrona del Valle de La Orotava.
Para
el alcalde de Los Realejos, Manuel Domínguez, “la cita de la 'Octava del Carmen
– Procesión de los Marinos' es sin lugar a dudas un día en el que bien merece
la pena sentirse, no sólo realejero, sino del Norte de la isla, y es que es una
de esas jornadas en que todos los ojos nos miran, para verse reflejados en la
imponente mirada con que la imagen de la Virgen, obra de la escuela genovesa de
principios del siglo XVIII, mira al niño, un gesto que aún encierra esa magia y
que hoy nos sigue deslumbrando a todos”.
Destaca
el edil que “en el camino de convertir esta cita concreta de nuestras Fiestas
del Carmen en fiesta de interés turístico regional, han sido un total de quince
los medios de comunicación que se hicieron eco previo, durante o posterior de
la celebración de este domingo, varios de ellos de cobertura regional, con lo
que sumado al trabajo de promoción desarrollado en los cuatro años precedentes,
estamos en predisposición de dar por concluida la documentación que requiere
nuestro expediente de solicitud y esperamos en los próximos meses que se nos
conceda este título”.
La
concejala de Fiestas, Isabel Socorro, recuerda la de este domingo como “una de
las más emotivas ediciones, con la correspondiente celebración eucarística en el Santuario de Nuestra Señora
del Carmen, al son de la misa canaria interpretada por Tigaray, y una
multitudinaria procesión con nuestra preciada talla recorriendo las calles de
San Agustín, La Alhóndiga, La Virgen, García Estrada, El Mar y El Carmen, y
como es también tradición, entre los cánticos de los marineros y los miles de
fieles que la acompañaron en todo momento, así como la exhibición pirotécnica a
cargo de los Hermanos Toste”.
Según el alcalde de Los Realejos, Manuel Domínguez, “es una suerte
ser realejero, ser vecino de este Norte de la isla, y vivir cada año el inusual
hecho de que un municipio de brazos abiertos como el nuestro presta a su
venerada imagen a los vecinos de otra localidad para que la carguen en
procesión, cumplir con este pacto no escrito de casi 270 años de tradición”.
“No sólo la intacta belleza artística de la talla de Nuestra
Señora del Carmen y la larga devoción que ha extendido más allá del municipio,
sino ser desde 1985 la Alcaldesa Honoraria y Perpetua de Los Realejos y el
hecho de que en el día grande de su festividad, en la llamada Octava del
Carmen, sea portada a hombros por los marineros y pescadores llegados del
vecino Puerto de la Cruz al núcleo realejero de San Agustín, confieren a esta
celebración el carácter de hito histórico y religioso y una particularidad que
bien merece distinción”, expone Manuel Domínguez.
Anecdotario
de una tradición de dos pueblos
Según el investigador portuense José Javier Hernández,
“cuando se acerca la celebración de la Octava de Nuestra Señora del Carmen,
siempre a continuación de las fiestas patronales del Puerto de la Cruz, estas
personas, de oficios diferentes pero relacionados todos ellos con la mar o la
comercialización de sus productos, se pasa aviso en sus lugares habituales de
reunión o de trabajo para quedar, de esta forma, citados en Los Realejos la
tarde en que tiene lugar la procesión de los marinos. Algunos asisten antes a
la ceremonia religiosa del Día de la Virgen”.
Llegada ya la fecha principal, los portuenses, que llaman
cariñosamente, a esta imagen como “la Virgen de secano” entonan ante la patrona
poco antes de organizarse la procesión la Salve Marinera, al mismo tiempo que
contemplan, devotos, el rostro espléndido de la escultura dirigiendo
repetidamente hacia ella sus brazos como
muestra del cariño y respeto que les merece.
Existe, aún hoy, la creencia de que los realejeros
colocan bajo las andas piezas de metal que aumentan el peso, para que el
movimiento con la imagen no sea tan brusco. Haya cierto o no en el pasado, es
éste el motivo por el cual uno de los del Puerto examina, de forma discreta, el
interior de la mesa del trono, bajo las cuelgas de damasco.
Junto a los cargadores, sus familiares más cercanos
acompañan a la imagen por las calles de San Agustín. En torno a todos ellos
surge una sucesión de muestras de afecto, gritos y vivas de exaltación a la
Virgen. Dentro de esa atmósfera, mezcla de devoción y alegría, no ha de faltar
la petición piadosa dicha con peculiar estilo, en parte serio y en parte
humorístico, que es característico en el hombre isleño.
Es evidente que en la Octava, los marinos
portuenses quieren, de alguna manera, sentir y hacer sentir a los demás que la
imagen realejera del Carmen, al menos ese día, es más suya. Los habitantes de
Los Realejos han aceptado siempre, con mayor o menor grado de aprobación, estas
muestras de fervor que son el ofrecimiento de los hijos del Puerto a su Madre.
Al fin y al cabo, tras los fuegos, ella habrá de volver, inequívocamente, a su
casa en el Santuario que lleva su nombre en el núcleo realejero de San Agustín.
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